Tortilla de espárragos

En la visita de este fin de semana decidimos ir al campo a disfrutar del aire libre. Puesto que el tiempo nos acompañaba, ya empieza a hacer bueno, y puesto que a los tres nos encanta, no lo pensamos dos veces y allí que nos fuimos. David estaba muy deseoso de ir, había estado esta semana pasando la varicela y sus ganas de salir eran enormes.

Teníamos varias cosas por hacer, siempre hay tarea. Nada más llegar estuvieron con su amigo Davo (el perro de mi hermana), tenían muchas ganas de verlo, estuvieron charlando con él un buen rato, trayéndole agua, comida, dándole de comer hierba y demás cosas que mejor ni saber … jajaja. Luego se vinieron a ayudarme a limpiar los alrededores de hojas secas, se ponen sus guantes de Mickey Mouse y van echando los montones al carrillo. Hasta antes de irnos a comer nos dio tiempo a transplantar un árbol pequeñito a otro sitio mejor, este es el segundo al que me ayuda David.

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Después de comer, ellos no paran … jajaja, nos pusimos a regar un poco y en las pozas de los árboles van metiendo sus palos para jugar con el barro, se lo pasan muy bien, a pesar de que David se topó con una hormiga roja que le dió un buen mordisco en el dedo … lloró un rato, pero le expliqué que son cosas del campo que a todos nos pasan, que ahora era más fuerte y que la próxima vez estas hormigas se las verían con suela de nuestro zapato, en cuanto le puse la tirita casi se le olvidó.

Ya el domingo durante la comida Susana me hizo un comentario curioso, me dijo “Oye papá, aquí en el campo no hay tantas reglas, ¿verdad?” … jajaja … me alegra saber que esa sensación de libertad los invade allí, la verdad es que hacen lo que quieren y eso me encanta, se pierden por los alrededores, van a ver al perro, a veces Susana coge a escondidas algunas almendras de la casa y se va por ahí a partirlas y comérselas … sabe que le tengo dicho que inflarse no puede … jajaja.

Después de intentar improvisar una medio siesta tirados entre los pinos, cosa que fue imposible, nos fuimos a coger espárragos. Había llovido hacía un par de semanas y con el buen tiempo tenía que haber unos cuantos. Con la tijera y una cestita que llevaba Susana nos pusimos a buscar, y vaya que si encontrábamos. Al ver que nuestra búsqueda obtenía resultados, Susana se entusiasmaba más y más, no dejaba esparraguera alguna sin mirar, por muy inaccesible que estuviera si había de escalar por las rocas mejor que mejor. Así, tras casi una hora entretenidos, conseguimos un buen manojo de espárragos que repartimos para todos, ellos le llevaron a su mamá un montón para que se hicieran una buena tortilla, y yo también me quedé con unos cuantos para hacerme la mía … jejeje.
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Los espárragos silvestres suelen ser amargos pero si se les pone un poco de cebolleta fritilla en la tortilla les dá el suficiente dulzor para compensar el amargor … jajaja … les dije que se lo dijeran a su mamá … jajaja.

La mía resultó buenísima, ummmmm … , delicioso sabor para acabar un fabuloso finde en el campo.

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